sábado, 7 de abril de 2012

El mío, más

Person On Winning Podium, de digitalart
http: www.freedigitalphotos.net
Vengo de pasar unos días en una casa rural con motivo de las fiestas. El sábado pasado, justo hace una semana, organizamos una fiesta para los niños y coincidimos con amigos, conocidos y familiares con sus respectivos retoños, así que he tenido la oportunidad de conocer a personas nuevas, y volver a coincidir con otras a las que hacía tiempo que no veía. En muchos casos las conversaciones giraron en torno a las últimas proezas y anécdotas de nuestros hijos, y pude comprobar nuevamente el afán con el que algunos padres parecen querer embarcarse en una especie de competición para ver quién tiene el "mejor" hijo: si a uno se le ocuure decir, por ejemplo, que su hijo empezó a hablar muy pronto, otro comentará que el suyo lo ha hecho más pronto todavía.
Mientras son bebés, los temas estrella suelen ser el sueño (dormir solos y del tirón), la alimentación (comer de todo desde la más tierna infancia, de forma autónoma y sin rechistar), el control de esfínteres (dejar el pañal antes de los 2 años y sin escapes) y las rabietas (no tener absolutamente ninguna); a medida que van creciendo, cobran protagonismo los logros académicos (aprender a leer y a escribir muy pronto, preferentemente antes de los 4 años), deportivos (dominar un deporte concreto), la autonomía (vestirse y comer solos) y la obediencia (parece ser que los niños que con 2 años no tenían rabietas, con 7 no cuestionan las órdenes de sus padres).
Es una competición en la que se puede hacer trampa para ganar (el bebé que supuestamente comía chuletones desde los 6 meses no probó más que un par de cucharadas de puré y yogur en todo el día; el niño que se viste solo desde los 3 años necesitó ayuda para ponerse el abrigo y así sucesivamente).
Finalmente, es una competición en la que no me interesa entrar.
Vaya por delante que me siento orgullosísima de mis hijos, y hasta el más mínimo logro me parece digno de alabanza. Sin embargo, tengo clarísimo que son sus logros, no míos, y por tanto no me corresponde a mí presumir de ellos.


Tanto afán por presumir parece responder a una necesidad de brillar de luz reflejada: mi hijo es listo, inteligente o simpático porque mi forma de criarle es la más adecuada. Es un concepto que detesto, porque me trae recuerdos de infancia: cuando era niña y decía "por favor" o "gracias", más de uno se maravilló y se deshizo en alabanzas, dirigidas no a mí, sino a mis padres, que me estaban educando tan bien. Esas alabanzas me quitaban las ganas de ser amable con el prójimo.
Además, estoy criando a mis dos hijos de la misma manera, reciben los mismos estímulos, viven en el mismo ambiente y aún así, las fechas claves de su desarrollo son diferentes: cada uno ha empezado a gatear, a comer un determinado alimento, a saludar, a hacer pedorretas a una edad diferente; sus intereses son distintos así como su forma de relacionarse con el mundo que les rodea, su personalidad, sus reacciones.
Una flor no es bonita porque la hayamos regado: es bonita por naturaleza; evidentemente, proporcionarle agua la ayudará a crecer e impedirá que se marchite. Sobre todo, las flores son bonitas allá donde crecen, no expuestas en una maceta.
Estoy segura de que mi hijo entenderá mejor lo orgullosa que me siento del dibujo que me ha hecho si me tomo el tiempo que haga falta para agradecérselo y comentarlo con él que si le obligo a enseñárselo a un montón de (des)conocidos. Del mismo modo, mi hija aprenderá a disfrutar del contacto con otros niños cuando le llegue la edad de hacerlo, no conseguiré adelantar ese momento por mucho que me empeñe en que socialice. Lo que consigan a lo largo de sus vidas, ya sea pronto o tarde, jamás será gracias a mí; podrá ser con mi ayuda, pero el mérito será exclusivamente suyo. No quiero cargar a mis hijos con el peso de mi éxito social.
Mientras los padres debatíamos acerca de los logros (suyos y nuestros) o la conveniencia de convertir la crianza en una carrera de méritos, ellos, los niños, los verdaderos protagonistas de nuestros discursos y de nuestras vidas, se dedicaban a ser niños: jugaban, reían, se perseguían, se columpiaban, trepaban por los árboles, inflaban globos, corrían, exploraban y vivían.

9 comentarios:

  1. Creo que esos padres tienen una autoestima muy baja y necesitan reafirmarse a través de sus pequeños.
    A mi me ponen muy nerviosa este tipo de conversaciones y la verdad es que si sucede me retiro. Mi hija es maravillosa como es y ya está.
    Muy buena entrada.
    Un abrazo

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    1. Creo que tienes razón en lo de la autoestima. A veces queremos que nuestros hijos tengan lo que nosotros no hemos tenido, y que por extensión, sean como a nosotros nos gustaría ser.
      Besos.

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  2. Pues te entiendo pero no estoy del todo de acuerdo.
    No veo esas conversaciones tanto como presumir de hijos como de compartir su desarrollo.
    Para mi no importa si mi hijo comenzó a andar antes o después o cualquier cosa de ese tipo, mi hijo es como es y punto. Si anduvo pronto, comió y a veces come mal y otras muy bien, toma teta todavía y muchas veces por la noche, duerme con nosotros, dejó el pañal sin problemas, es muy sociable y simpático, se expresa muy bien para su edad y pega bastante, es muy contestón y muchísimas veces no nos hace ni caso...que le voy a hacer, es así, sólo constato un echo, ni mejor ni pero que otros.
    Así es mi hijo y si hablo de ello con otros padres no es para comparar, sólo por compartir.
    No saco esas conversaciones, pero tampoco me alejo para no hablarlo.
    Normalmente son los demás los que comentan de mi peque y normalmente "para bien" y lo que tampoco puedo hacer es negar como es, sólo dejar claro que como sea ahora no le garantiza nada en el futuro. Andaría y hablaría muy pronto pero eso no lo hará un adulto de más éxito que el que hizo esas cosas meses más tarde. Eso sólo el tiempo lo dirá.

    Así son y somos, cada uno distinto y todos especiales.

    Coincido contigo en que como son es en gran medida a ellos mismos, desde luego.
    Un besito

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  3. En realidad, no me refiero a las conversaciones acerca de los niños "en general", sino a aquellas que se convierten en una especie de competición en las que los padres presumen de los supuestos logros de sus hijos.
    Efectivamente cada niño es como es, y el hecho de haber aprendido algo antes o después que los demás es simplemente parte de su individualidad. El problema surge cuando los padres quieren que su hijo sea el primero en todo, cuando utilizan los logros (reales o imaginarios) del niño para lucirse ellos mismos; suelen ser los mismos padres que años después alardean de las notas que saca su hijo en la puerta del colegio. Creo que no nos podemos quejar de la competitividad extrema y del escaso compañerismo de muchos niños cuando estas actitudes a menudo les vienen inculcadas desde casa.
    Besos.

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    1. Más cierto que la vida misma. Yo tengo un amigo, que...

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  4. Jajaja! Hace unos meses yo llegué a la misma conclusión que tú en un post sobre lo mismo. Al final todas pasamos por lo mismo ;)
    http://derepentemami.blogspot.com.es/2011/09/el-mio-mas.html?m=0
    Un besote

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    1. ¡¡Tienes razón!! Además, qué curioso, hemos puesto el mismo título a la entrada (te juro que no te he copiado, jeje).
      Besos.

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  5. Es cierto, encima si no entras en el "juego" parece que estás por encima de ellos y aún les sienta peor... y está la otra cara que aún me desagrada más y es que si lo hacen es mérito de los padres pero si no hay algunos que no tienen problemas en decir (oído éste fin de semana) no controla aún esfínteres, es que es un niño, son más tontones que las niñas, con su hermana no hay tanto problema, y ésto delante del crío... yo flipaba... como dices me maravilla ver cómo mi hija aprende y evoluciona, no necesito que lo haga antes o mejor que otros pequeños, disfruto de ella y de sus pequeños logros que me sorprenden día a día.

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    1. Creo que no deja de ser lo mismo. El problema no es que contemos anécdotas de nuestros hijos, que al fin y al cabo es normal, el problema empieza cuando no lo hacemos con ánimo de compartir, sino de lucirnos, cuando oyes decir "mi hijo ha controlado esfínteres muy pronto porque yo le he educado bien", o viceversa, "mi hijo todavía no controla, pero no porque yo le eduque mal, sino porque es tonto, es más, los niños en general son tontos", ya que estamos metamos en el mismo saco a todos los bebés de sexo masculino.

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