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domingo, 5 de marzo de 2017

Proyecto solidario

No acostumbro a pedir este tipo de favores a través de las redes sociales, pero en esta ocasión, creo que lo merece.

Una amiga colabora con ATELMA (Asociación de Trastorno Específico del Lenguaje de Madrid); la asociación está poniendo en marcha un proyecto solidario, se trata de un club social para niños y adolescentes con TEL. Me ha pedido que la ayude a difundir el enlace para recibir votos para su proyecto.

Se puede votar, desde Facebook, Google o e-mail, a través del siguiente enlace:


Por favor, dedicadle unos minutos para echar un vistazo al proyecto, para enviarle vuestro voto y compartirlo con vuestros contactos.
Seguro que si cada uno de nosotros pone su granito de arena, entre todos conseguiremos convertir este mundo en un lugar menos inhóspito.

Gracias y un abrazo.





lunes, 28 de abril de 2014

Dormir sin llorar - El libro de la web

Una vez leí que para tener una vida plena hay que tener hijos, escribir un libro y plantar un árbol. A partir de ahora, puedo decir con orgullo que solo me queda el árbol.
El próximo 20 de mayo sale a la venta Dormir sin llorar - El libro de la web, del que soy coautora. Me gustaría presentarlo diciendo que es el mejor libro sobre sueño infantil jamás escrito, aunque para hacer honor a la verdad me veo obligada a hacer una serie de puntualizaciones.
He leído unos cuantos libros que tratan en parte o en su totalidad el sueño de los niños, y he hojeado
unos cuantos más; por lo general, hasta donde he podido comprobar, se dividen en dos categorías: unos explican cómo, cuánto y dónde debería dormir un bebé, hacen hincapié en la firmeza de los padres a la hora de conseguir el objetivo que se han planteado, recomiendan dejar llorar al bebé hasta que se acostumbre, no acudir, o no hacerlo hasta pasado un tiempo, si se despierta y así sucesivamente; otros muestran un enfoque más respetuoso, defienden que el sueño es un proceso evolutivo, explican que los despertares son normales, pero tienden a ser parcos en consejos a la hora de capear el temporal.
En Dormir sin llorar defendemos sin dudarlo esta última corriente, consideramos que dejar llorar a un bebé no es ético, ni efectivo, ni saludable; sin embargo, tantos años de experiencia foril, de dar y recibir consejos, nos han enseñado que no se trata simplemente de aguantar hasta que el sueño del niño empiece a parecerse al de un adulto. Es posible mejorar el sueño de todos, del bebé pero también de los padres, sin que nadie se resienta ni tenga que sufrir por ello.
Este libro es la culminación de un proyecto que empezó hace casi cuatro años, aunque por aquel entonces ni se nos pasaba por la cabeza la idea de escribir un libro sobre sueño infantil. Empezamos recopilando artículos para debatirlos, actualizar la Guía Dormir sin Llorar con la información que encontrábamos útil, y poco a poco fue tomando forma la idea de redactar un folleto con consejos respetuosos sobre sueño para irlo repartiendo en las maternidades, consultas de pediatría y grupos de apoyo. Una cosa fue llevando a la otra, y empezamos a barajar la idea de escribir un libro y autoeditarlo, hasta que la editorial Obstare decidió apostar por nosotras y hacerse cargo de la edición.
Esta es la historia "oficial" de nuestro libro, pero al mismo tiempo también es nuestra historia: una historia de noches en vela detrás de una pantalla, de un borrador en Google docs con notas en todos los colores del arco iris (cada una un color, para controlar los cambios), de capítulos escritos a una sola mano y con un bebé a la teta, de conversaciones y debates; es una historia de expectación, de superación, de ganas de hacer algo grande y de contribuir a cambiar el mundo. Es mi historia, es la historia de Rafi, de Mon, de Merche, de Bego, de Cristi y de Rosalina, una historia de madres, foreras y amigas. Gracias a todas por estos años, por lo que las palabras no pueden expresar.
Alea jacta est, y larga vida a Dormir sin llorar.

Contenido

Prólogo de Carlos González

CAPÍTULO 1- INFORMACIÓN GENERAL SOBRE EL SUEÑO DE LOS BEBÉS - El sueño normal del bebé y el bebé que duerme mal - ¿Por qué se despiertan los bebés? 
CAPÍTULO 2- ESTRATEGIAS BÁSICAS Y NECESARIAS PARA MEJORAR EL SUEÑO - El ambiente del sueño- Plan de siesta - Guardería - Viajes - La rutina de buenas noches
CAPÍTULO 3- BEBÉS DE 0 A 3 MESES - ¿Cómo duermen los recién nacidos? - ¿Qué el bebé se duerma sin ayuda?- Estrategias para dormir a un bebé de 0 a 3 meses - El colecho, una opción a tener en cuenta - El Síndrome de la Muerte Súbita del Lactante y el colecho - Otros problemas y otras soluciones - El bebé con cólicos - Técnica para envolver al bebé - El cólico y la falta de siestas - El cólico en bebés amamantados - Masajear al bebé - El descanso de la madre en el post-parto - Estadísticas - Plan de acción.
CAPÍTULO 4- BEBÉS DE 4 A 7 MESES- ¿Cómo duermen los bebés de 4 a 7 meses? - Crisis de crecimiento en bebés amamantados - Consejos básicos para el sueño - Identifica las señales de sueño del bebé - Dormirse en brazos - Dormirse con el chupete - Dormirse comiendo y despertarse para comer - ¿Cereales para dormir más y mejor? - Regreso al trabajo y cuidado por el papá u otras personas - Estadísticas - Plan de acción
CAPÍTULO 5- BEBÉS DE 8 A 12 MESES- ¿Cómo duermen los bebés de 8 a 12 meses? - La angustia de separación y el apego - ¿Cómo ayudar-(nos) a superarlas ?-  La salida de los dientes - La alimentación complementaria y su relación con el sueño - Nuevos hitos: aprender a sentarse, ponerse de pie y gatear - Sacarlo de la habitación de los padres - Descansar durante el día - Identifica las señales de sueño del bebé - Palabras mágicas - Dormirse en brazos - Dormirse con el chupete - Plan cambia-rutinas, dormirse comiendo o siendo mecido, etc. - Plan padre - Estrategias para madres que dan el pecho - Estadísticas - Plan de acción
CAPÍTULO 6- BEBÉS DE 1 A 2 AÑOS- ¿Cómo duermen los bebés de 1 a 2 años? - La angustia de separación - Salida de más dientes - Nuevos hitos: caminar, correr, hablar.. .- Las rabietas. - Consejos básicos para el sueño.- Alimentos que favorecen el sueño- Otros problemas, otras soluciones- Dormirse en brazos- Plan cambia-rutinas, dormirse comiendo o siendo mecido, etc -  Plan padre - Biberones nocturnos - Estrategias para madres que dan el pecho - Cambiarlo de habitación - Estadísticas - Plan de acción
CAPÍTULO 7- NIÑOS DE 2 A 3 AÑOS- ¿Cómo duermen los niños de 2 a 3 años? - Rabietas, los terribles dos- Miedos - Dejar los pañales - La siesta - Alimentos que favorecen el sueño - ¿Pesadillas o terrores nocturnos? - Plan padre - Biberones nocturnos - Estrategias para madres que dan el pecho - Dormir en su habitación y permanecer en ella - Estadísticas - Plan de acción
CAPÍTULO 8- NIÑOS DE MÁS DE 3 AÑOS- ¿Cómo duermen los niños de más de 3 años? - Miedos - El inicio del colegio - Consejos básicos para el sueño - Cenas para dormir - Malos sueños - Mojar la cama, enuresis nocturna - Celos de hermanos - Dormir en su habitación toda la noche - Dejar el chupete - Conclusiones - Plan de acción
CAPÍTULO 9- DORMIR A DOS O MÁS- Hermanos de diferente edad - Mellizos o gemelos
CAPÍTULO 10- MOLESTIAS QUE QUITAN EL SUEÑO- Gases y cólicos- Reflujo gastroesofágico - Parásitos intestinales.- Catarros, tos, mocos - Salida de los dientes - Dematitis atópica - Alergias alimentarias o intolerancias a alimentos - Apnea del sueño y ronquidos - Pesadillas y Terrores nocturnos.- Sonambulismo - Adormecimiento brusco.   
CAPÍTULO 11- FÁRMACOS Y OTRAS SUSTANCIAS- Suplementos de melatonina - Antihistamínicos - Homeopatía- Flores de Bach - Plantas medicinales.
CAPÍTULO 12- MITOS SOBRE EL SUEÑO DE LOS BEBÉS-¿No pasa nada porque llore? - ¿A partir de los 3 meses debería dormir del tirón? - ¿Es raro que no sepa dormirse solo?- ¿El colecho hace a los niños dependientes? - ¿Dormirá mejor si se cansa mucho durante el día? - ¿El sueño se recupera? - ¿El mal dormir se hereda?
CAPÍTULO 13- ¿POR QUÉ SIN LLORAR?- ¿Qué son los métodos de extinción?- ¿Cómo funcionan realmente los métodos de extinción? - ¿Por qué sin llorar? Porque Dormir Sin Llorar, funciona.


El libro ha sido publicado por la editorial Obstare, con ISBN 978-84-941016-7-0 y se puede comprar en la tienda online de Dormir sin llorar, en Casa del libro, FNAC y en tu librería favorita.
Otros enlaces:
 

viernes, 7 de marzo de 2014

Por favor, no me feliciten

Dentro de un par de horas, se volverá a celebrar el 8 de marzo. Para ser sincera, es un día que aborrezco porque con el tiempo se ha degradado hasta convertirse en mera fiesta comercial, un día en el que hay que comprar mimosas, perfumes o bombones, para agasajar a las mujeres, sin pararnos a pensar realmente en su auténtico significado. Lo siento, pero no quiero que me regalen nada, ni que me feliciten siquiera. El 8 de marzo no es el día de la mujer a secas, no es un día en el que regocijarnos por ser mujeres, ni para echarnos flores por ser tan buenas mujeres, madres, esposas o amantes.
El 8 de marzo no es una fiesta, sino una reivindicación. Se estableció en memoria de un suceso que ni siquiera tuvo lugar ese día, sino más tarde, el 25 de marzo de 1911, para ser exactos.
Cuentan las crónicas que ese día murieron más de un centenar de mujeres trabajadoras, encerradas en una fabrica por sus patrones, deseosos de reprimir de esta manera cualquier protesta de parte de sus subordinados. Imposibilitadas para salir, encontraron una muerte horrible; las más jóvenes apenas tenían 14 años.
Si bien las condiciones laborales han mejorado desde entonces, no podemos negar que en muchos países las mujeres siguen teniendo un papel secundario, por recurrir a un eufemismo. Desde que nacen, son consideradas inferiores, su papel es el de esclavas, no reciben apenas educación, son obligadas a contraer matrimonio a temprana edad y forzadas a gestar y parir antes de que sus cuerpos estén preparados para ello.
Incluso en los países modernos del llamado primer mundo una mujer no suele recibir el mismo trato que un hombre: a nivel laboral suelen percibir salarios más bajo aunque desempeñen el mismo trabajo que sus compañeros varones, la libertad sexual de las chicas está mucho más restringida que la de los chicos, están cuatro veces más expuestas que los hombres a sufrir abusos sexuales o violencia doméstica.
No podremos alcanzar la felicidad mientras uno de los géneros siga empeñado en dominar y aplastar al otro; como leí una vez, no tenemos derecho a ser iguales, sino el mismo derecho a ser diferentes.
Por todo ello, por favor no me feliciten. Queda mucho camino por recorrer, muchas mentalidades por cambiar, no nos desviemos del objetivo porque nos regalen flores.

sábado, 22 de febrero de 2014

Mala leche

La foto que ilustra esta entrada se ha publicado en la fanpage de una conocida compañía fabricante de juguetes y demás productos destinados a la infancia.
Mala leche es el primer título que me ha venido a la cabeza, aunque a estas alturas ya no sé si la mía, al ver la mencionada foto, o de quien haya pensado utilizarla como reclamo para la marca.
Me diréis que tiendo a ver solo lo negativo de las cosas, y es posible que estéis en lo cierto (o no, tengo muchas entradas en el tintero que no publico por falta de tiempo, aunque es verdad que lo negativo parece dar más juego), pero en mi humilde opinión, es una imagen que no tiene desperdicio.En ella se puede apreciar a un niño pequeño dándole un biberón a un bebé, acompañado de la leyenda "Si te lo acabas todo, te harás tan grande como yo".
Es una imagen que debería resultar bonita y enternecedora, pero como talibana de la teta que soy, me chirría cosa mala.
Me parece admirable y precioso, sin duda, que el niño mayor cuide de su hermanito, pero ¿a los señores publicistas no se les ha ocurrido otra manera de representar gráficamente el apego fraternal? Personalmente, me habría parecido infinitamente más conmovedor y acertado que hubieran publicado una imagen de dos niños jugando juntos, o de un niño mayor mimando a uno más pequeño.
En segundo lugar, ese "si te lo acabas todo" evoca cierto chantaje emocional, acuden a la mente imágenes de madres desesperadas que lo intentan todo con tal de que el bebé se termine el cuarto de litro de papilla de 7 verduras con carne y arroz que, según el pediatra o el villano de turno, es el único alimento capaz de evitarles monstruosas carencias nutricionales en un futuro no demasiado próximo.
Para rematar, el "te harás tan grande como yo" me recuerda a los trillados comentarios de suegras, vecinas y opinólogos en general, se parece peligrosamente a ese con biberón se crían igual, frase de cabecera de quienes se atreven a dar consejos de lactancia cuando de lactancia saben bien poco.
La foto, según he podido comprobar, ha causado cierto revuelo en la comunidad feisbukera, hasta el punto de que en un grupo en el que participo se ha llegado a preguntar si es posible denunciarla.
La pregunta no es tan ilógica como parece si tenemos en cuenta que la conocida red social acostumbra a censurar las fotos de bebés amamantados, dando así origen, entre otros, al movimiento conocido como Revolución blanca. Si a determinadas personas les ofende ver a un bebé amamantado, cabe esperar que a otras les ofenda ver a otro tomando un biberón.
Sin embargo, me temo que una hipotética denuncia en ese sentido tiene bastante pocas posibilidades de prosperar, a no ser que se consiga demostrar más allá de toda duda que el biberón es un símbolo fálico y por tanto la foto incumple las famosas normas de Facebook.
Hasta donde sé, se puede denunciar cualquier foto, desde las que nos resulten claramente ilegales u ofensivas hasta las que simplemente nos incomoden o nos den repelús, pero luego alguien se encarga de revisar las denuncias recibidas y decidir qué fotos merecen quedarse y cuáles deben ser irremediablemente condenadas a la hoguera virtual.
Por algún motivo, ese alguien o quien por él, parece considerar que el binomio bebé + teta equivale a pornografía, e incumple por tanto las normas, desencadenando la caza de brujas, perdón, procedimiento habitual que puede concluir con la eliminación del perfil culpable, mientras que utilizar las tetas, o cualquier otra parte del cuerpo, como reclamo sexual no las incumple y se trata por tanto de un uso legítimo y justificado de la libertad de expresión.
Puedo entender, en parte, que Facebook no censure cualquier foto que sea denunciada solo porque a alguien le moleste verla; si lo hicieran, se quedarían en blanco y negro. Por tanto, si se denuncia esa foto, o cualquier otra, hay que tener claros los motivos.
Que yo sepa, una foto de un bebé tomando un biberón no es ilegal, a no ser que se publicite leche de inicio: en ese caso, incumplirían el código de comercialización de sucedáneos de leche materna y la imagen debería ser retirada. Sin embargo, esa imagen ha aparecido en la página de una fábrica de juguetes, no anuncia ninguna marca de leche artificial, y puestos a rizar el rizo, ese biberón puede contener leche materna.
Por otra parte, lo legal no siempre coincide con lo cabal, y lo que personalmente me molesta de esa imagen no es lo que muestra, sino lo que da a entender. Como una prenda de ropa interior, lo que revela es sugerente, pero lo que esconde es esencial.
Después de décadas de culturas del biberón, estamos acostumbrados a encontrarlo por doquier, en las cestas de regalos para recién nacidos, en las revistas de puericultura, en los cuentos para niños, en los dibujos animados. Consciente o inconscientemente, imágenes como estas contribuyen a fomentar, a agrandar aún más un imperio construido por un puñado de multinacionales que buscan llenar su bolsillo sin importarles los daños colaterales que puedan causar.
Finalmente, os pido que por favor no intentemos reconducirlo otra vez al trillado debate buenas madres vs. malas madres. No se trata de que se pueda ser buena madre dando biberón y mala madre dando teta, ni de que haya bebés alimentados con fórmula que no han tenido un catarro en su vida y bebés enfermizos a pesar de que tomen pecho, no se trata de libertad de elección ni de ser radical o moderado.
Si me habéis leído aquí y allá, sabréis que mi hijo mayor tomó biberón a mi pesar; así que he estado en ambos bandos, he recibido críticas por esto y por aquello. Esto no es una revancha, ni un desahogo. A estas alturas, las heridas que mi lactancia fracasada me produjo en su día están más que sanadas y cicatrizadas; sin embargo, no puedo evitar pensar que a lo mejor en este momento otras mamás están pasando por una situación similar.
Considero que cuando una lactancia se hace cuesta arriba, cuando el seguir luchando solo provoca dolor y sufrimiento, es la madre la que debe tomar la decisión última sobre seguir adelante o tirar la toalla. En ambos casos, su decisión merece respeto y comprensión, no críticas y juicios sumarios.
Admito que cuando renuncié a dar el pecho a mi hijo me molestó bastante ser mirada con desdén en la farmacia al comprar leche de inicio o con pena cuando le daba el biberón en el parque.
Pero, pensándolo bien pensado, me molesta mucho más que las personas que en su momento estaban en posición de ayudarme no lo hayan hecho, se limitaron a cantarme las alabanzas del biberón y a decirme que daba lo mismo una cosa que la otra; en algunos casos lo hicieron por ignorancia, en otros, movidos por intereses comerciales.
Cuando hablamos de que "no se es peor madre por dar biberón", "se crían igual de bien", "la LM es mejor, pero..." solemos recurrir a ejemplos extremos donde la lactancia es imposible, véanse madres adoptivas, mastectomías, medicamentos incompatibles (que no son muchos, pero haberlos haylos, como las meigas).
Sin embargo, la grandísima mayoría de lactancias fracasan por razones mucho más triviales, mal agarre, estimulación inadecuada o insuficiente, y sobre todo, información desfasada, maliciosa, tendenciosa y nefasta del entorno, profesionales de la salud incluidos (sin ánimos de generalizar).
La foto con la que empecé esta tirada es solo una muestra, una pequeña piedra en el camino, pero juntando todas las piedras se puede construir una torre que llegue hasta el cielo, y así nos va.


jueves, 30 de enero de 2014

Uno de tantos

Me adhiero a esta iniciativa, llamada Di NO a la violencia infantil, creada por Mamá es bloguera y Princesasyprincesos; hace unos días leí un post de Charlando en el patio sobre el tema y me vino a la cabeza esta historia. Hace años que me la contaron, pero durante mucho tiempo permaneció enterrada en mi memoria en ese extraño lugar a mitad de camino entre la reminiscencia y el olvido. Creo que ha llegado la hora de rescatarla.
 


Se llamaba Alen, y fuimos juntos a primero de primaria. La historia que voy a contar es rigurosamente real: por un momento pensé en cambiarle el nombre, en elegir uno que fuera simbólico y representativo, pero por curiosidad me puse a buscar el significado de Alen, y según una de las versiones que encontré, es de origen yiddish y significa "solo"; demasiado profético para cambiarlo.
A duras penas recuerdo su cara, estaba sentado delante de mí pero no éramos amigos. Era un niño bajito, pálido, con el pelo color arena, tímido y silencioso. Supe de su historia porque la maestra no se cortaba a la hora de cotillear con las otras madres, y años después, mi madre me la contó.
Alen era hijo de madre soltera, detalle que en aquellos tiempos ya no se consideraba escandaloso, pero proporcionaba un sinfín de chismes jugosos a numerosos grupos de señoras que intentaban parecer modernas y liberadas mientras luchaban sin éxito contra décadas de represión y dominación patriarcal.
Su madre le había tenido muy joven, poco más que adolescente; era fruto de una relación con un hombre mucho mayor. Decían las malas lenguas que la madre de Alen se había quedado embarazada en un desesperado intento por mantener a su lado a su amante casado, pero obtuvo el efecto contrario. Nunca vi al padre de Alen, no sé quién es ni si se ocupó nunca de su hijo más allá de reconocerle como propio; sé que el niño pasaba casi todo el día en compañía de su abuela materna, que le quería con locura, pero a la hora de cenar volvía a casa con su madre, y allí su vida se convertía en una pesadilla.
Más de una vez llegó a clase con marcas y moratones; sin embargo, a diferencia de muchos niños maltratados, que son coaccionados a mentir, él nunca atribuía sus heridas a algún accidente doméstico inexistente, y contestaba a las preguntas con una sinceridad alarmante: su madre se había enfadado con él y le había abofeteado hasta hacerle sangrar la nariz, su madre le había empujado y se había golpeado contra un mueble, su madre le había pegado porque era torpe y estúpido.
Un día, Alen no fue al colegio; el día siguiente tampoco vino, ni al otro. Si no me equivoco, estuvo ausente durante más de un mes. Cuando volvió, lo hizo con ambos brazos escayolados.
Así aparece en la foto de clase, con una camisa de manga corta en pleno invierno, la única prenda a través de la cual podía pasar su "armadura".
Los demás niños envidiábamos estúpidamente esos brazos, ser el centro de todas las miradas, ver cómo esa escayola se llenaba progresivamente de firmas, dibujos y dedicatorias.
Años después, entendí que no había nada que envidiar. Nunca me quedó muy claro qué había ocurrido exactamente, tengo entendido que Alen estaba sentado en un taburete, o en una silla alta, su madre le empujó, o le tiró, o le quitó el taburete de debajo y él se fracturó los brazos a causa de la caída.
Fuera como fuera, afortunadamente alguien, no sé quién, tuvo las agallas de denunciar. Hubo una investigación y a la madre de Alen le quitaron la custodia. Dicen que fue a vivir con su abuela, la que le adoraba, y que ella le matriculó en un colegio más cercano a su casa.
Nunca le volví a ver, ni supe qué fue de él. Acabo de buscarle en google y encontré su página de Facebook; por lo que he podido leer, tiene una carrera universitaria, un trabajo, una novia. Espero que la vida le haya tratado bien, porque bastante duros fueron sus comienzos.
Y Alen es solo uno de tantos, uno solo de muchos niños que llevan su sufrimiento a cuestas como una cruz, que tienen demasiados accidentes, demasiados moratones, se muestran demasiado educados, demasiado silenciosos y complacientes o al revés, demasiado agresivos y problemáticos ante la indiferencia general de esta sociedad que prefiere enterrar la cabeza bajo la arena y pensar que no es de su incumbencia.
Por desgracia, la prensa nacional es muy parca en noticias de este tipo, parece que tengan miedo a sensibilizar a la población al respecto. Las noticias sobre menores delincuentes suelen tener mucha relevancia, casi siempre acompañadas de unas cuantas advertencias sobre la necesidad de ser estrictos y autoritarios para evitar males mayores, en cambio existe una extraña conspiración del silencio en lo que a niños maltratados se refiere.
Ojalá llegue el día en que todos nos podamos unir y levantar nuestra voz contra el maltrato infantil, para que historias como la de Alen no se vuelvan a contar jamás.



jueves, 23 de enero de 2014

La revolución blanca

Parece que Facebook sigue en sus trece... A raíz de la retirada de la "escandalosa" foto de madres amamantando (la podéis ver a través de este enlace) y de la "Revolución blanca" que ha surgido como protesta a las políticas abusivas de una red social que considera ofensiva una imagen de un bebé siendo alimentado pero no parece tener problemas con la exposición de tetas en un contexto sexualmente explícito, decidí aportar también mi granito de arena.
Tengo un video, precioso, obra de Colo de Buceando en mí, titulado Compañía para una lactancia prolongada. Yo no lo hice, ni lo pensé, pero contribuí con una foto y me siento orgullosísima de él como si lo hubiera creado yo solita.
Lo compartí en mi página personal, y en unos grupos en los que participo, pero al intentar subirlo en la fanpage de El mundo de Kim, recibo un aviso en el que se me indica que el video ha sido retirado, no porque se vean tetas, sino por violación del copyright.
Sobran los comentarios, o mejor dicho, no voy a meterme en un embrollo legal para reclamar mi derecho a subir un contenido que se ha creado precisamente para ser difundido.
Por si os habéis quedado con la intriga, aquí lo tenéis:
 

jueves, 26 de diciembre de 2013

Me duele (ley del aborto)

A este respecto, me duele todo: me duele una ley que nos hace retroceder de varias décadas, me duelen las posturas enfrentadas de personas a las que admiro y aprecio, me duelen los radicalismos y los insultos lanzados desde ambos bandos, me duele la dicotomía interior que supone un tema así.
Se puede decir que mi postura es un poco ambigua, si tuviera que resumirlo diría que moralmente estoy en contra del aborto, pero legalmente estoy a favor.
Desde que tengo uso de razón, tuve claro que nunca abortaría, al principio me decía, con esa arrogancia típica de la adolescencia, que sería mucho más fácil arrepentirse de no haber tenido un hijo que de haberlo tenido, y que eso era lo único que importaba.
Los años y la experiencia me trajeron reflexiones más pausadas y maduras, y llegué a la conclusión de que la perspectiva de acabar voluntariamente con una vida humana habría sido demasiado duro de soportar. No me considero religiosa pero soy mística, siempre he pensado que durante la concepción, una diminuta partícula de la luz que forma el tejido de la divinidad se desprende para venir a habitar el nuevo ser; con lo cual, para mí se trata de una vida humana desde el primer momento (es una opinión personal rebatible, pero al mismo tiempo también respetable, igual que cualquier otra).
En frío, me decía que el único supuesto en el que decidiría poner fin a un embarazo sería en caso de malformaciones o anomalías graves; luego me encontré embarazada, me descubrí acariciando mi incipiente barriga y diciéndole a mi bebé que viniera como quisiera venir, que haríamos lo que estuviera en nuestras manos para poder darle la mejor calidad de vida posible.
Incluso en el peor de los casos, creo que preferiría darle la oportunidad de abandonar este mundo entre mis brazos, y no en una mesa de quirófano.
Sin embargo, son decisiones muy tristes y dolorosas, y cada cual es libre de enfrentarse al dolor y de atravesarlo como mejor sabe o puede.
Por este motivo, me creo con derecho a pedir respeto para mi postura, pero al mismo tiempo, considero que tengo la obligación de no imponérsela a nadie.
De allí que piense que el aborto se debe despenalizar, debería ser libre y gratuito. Una ley estricta y anacrónica como la que nos quieren colar no disminuirá la tasa de abortos, se limitará a agrandar la brecha entre ricos y pobres, igual que antaño, cuando las mujeres de clase alta iban al extranjero para "solucionar el problema" y las de clase obrera se envenenaban con brebajes o se tiraban por la escalera.
En mi opinión, las únicas medidas realmente efectivas para reducir la tasa de abortos se resumirían en
promover una sexualidad responsable (me parece curioso, por decir algo, que muchos de los defensores de la nueva ley, se oponen al aborto libre pero también se oponen a los anticonceptivos) y en analizar las causas que llevan a una mujer a dar ese paso y tratar de ponerles solución, brindándole por ejemplo el apoyo (emocional, logístico, económico) que pudiera necesitar.
Si bien a nivel legal opino que el marco debería ser amplio, a nivel personal se debería sopesar muchísimo los pros y los contras a la hora de dar ese paso.
Es cierto que los anticonceptivos fallan, pero en muchos casos lo que falla es el sentido común de quienes deciden prescindir de ellos pensando que en todo caso le pondrán remedio después.
No comparto el sentimiento de las asociaciones pro-vida que considera unas asesinas a todas las mujeres que han tomado esa decisión: podemos estar de acuerdo, o no, con los motivos que llevan a una mujer a interrumpir un embarazo, pero hay que reconocer que se trata de una decisión dura y dolorosa.
Y tampoco comparto la postura del bando contrario, que parece creer que abortar es algo parecido a sacarse una muela, que tan solo se trata de librarse de un puñado de células, que el trauma post-aborto es inexistente y que una experiencia así es casi sinónimo de mujer moderna y liberada.
En realidad me duele todo, porque no entiendo a nadie, no entiendo la intransigencia de un bando ni la despreocupación del otro, soy tan arrogante que la única opinión que me parece sensata es la mía.

miércoles, 3 de abril de 2013

Niñas-esposas

Desde que soy madre no he vuelto a ver el telediario con los mismos ojos.
Siempre me han afectado las noticias relacionadas con los abusos a la infancia: sin embargo, hace años me decía que si el destino hubiera decidido ser menos benévolo y más caprichoso conmigo, yo habría podido ser uno de esos niños; ahora me digo que cualquiera de esos niños habría podido ser uno de mis hijos, lo cual cambia radicalmente el enfoque.
He podido ver recientemente un reportaje, realizado por la fotógrafa americana Stephanie Sinclair, llamado Child brides (literalmente niñas-esposas) y traducido al español como Matrimonios forzados, (traducción chapucera donde las haya, pues obvia la edad de las novias, tema principal del reportaje), que se puede visualizar a través de este enlace.
Hace años que me considero familiarizada con el tema: desde niña oí decir a mi madre y a mi tía que mi bisabuela se había casado a los 15 años con un hombre mucho mayor que ella, un hombre al que no amaba y apenas conocía; lo hizo para huir de los malos tratos de una madrastra que no tenía nada que envidiar a la de la Cenicienta. Diez años más tarde había dado a luz a seis hijos, dos de los cuales no consiguieron sobrevivir a una infancia llena de privaciones, y pasaba sus días atrapada en una casa minúscula, prisionera de un marido alcohólico y violento y de una vida que en cierto modo había elegido, pero no previsto.
La que fue la vida cotidiana de mi bisabuela sigue siendo moneda corriente en muchos países y en muchas culturas.
Al pensar en matrimonios concertados me venían a la mente retazos de noticias que había visto, oído o leído acerca de esos enlaces que se llevan a cabo en la India y alrededores de forma clandestina en la oscuridad de la noche: niños y niñas, en algunos casos de la edad de mis hijos, vestidos y maquillados como adultos, protagonistas de una ceremonia que no alcanzan a entender.
La buena noticia es que a esa edad, el matrimonio solo tiene un valor simbólico; a la novia se le permite seguir viviendo con su familia, disfrutar de su infancia durante unos años más: la enviarán a la casa del marido cuando llegue a la pubertad, con suerte incluso más tarde, al finalizar sus estudios.
La mala es que a partir de entonces su vida, y la de su marido, quedan indisolublemente ligadas a una persona a la que no han escogido.
Más recientemente he descubierto que existen tradiciones mucho más siniestras y escalofriantes en lo que a matrimonios infantiles se refieren: en la tradición hindú los contrayentes suelen ser de edades parecidas, en cambio en algunas zonas de Africa y Oriente Medio (entre otros), algunas familias casan a sus hijas con hombres que les doblan o triplican la edad.
En algunos casos, se trata de niñas de 8, 10 años, niñas que ven como se les arrebata su infancia de un día para otro, niñas obligadas a convertirse en esposas, amas de casa y madres antes de tiempo. Lo habitual es que el marido se comprometa a no mantener relaciones sexuales con su esposa hasta pasado un tiempo, pero tengo entendido que tampoco es infrecuente que el día después de la boda la familia exhiba orgullosamente una sábana ensangrentada, gráfica muestra de la virtud de la novia y de la virilidad del marido.
Siempre pienso que detrás de los números, las estadísticas y los artículos hay personas reales que viven y sufren; quizás el reportaje de Stephanie Sinclair me impactó tanto porque sus fotos consiguieron ponerles cara a una realidad que hasta entonces solo había podido rozar.
(c) 2005 Stephanie Sinclair
http://www.stephaniesinclair.com
Son imágenes que me han parecido de una belleza sobrecogedora, a pesar de la crudeza de la tragedia que retratan. De todas ellas, la que más me ha impresionado es la que he puesto aquí a la derecha. Por lo que he podido averiguar, la niña se llama Ghulam Haider y tiene 11 años; el hombre sentado a su lado es su futuro marido, se supone que tiene 40, aunque parece bastante más mayor. La foto ha sido tomada el día de su fiesta de compromiso según algunas fuentes, el día de su boda según otras; todas ellas coinciden en que era la primera vez que la niña veía al hombre que pronto sería dueño de su destino. Tanto la jovencísima esposa como su prometido residen en un pueblo rural de la provincia de Ghor, en Afganistán.
He ido a buscar la provincia de Ghor (o Gaur) en Google Maps, y no hay nada: ninguna ciudad, ninguna carretera, solo una infinita sucesión de montañas aterciopeladas, interrumpida de vez en cuando por un puñado de casas comunicadas entre si por senderos difícilmente transitables.
Ninguna oportunidad para Ghulam, que soñaba con ser maestra pero tuvo que dejar la escuela en cuanto le anunciaron su compromiso, ni para ninguna de las demás chicas obligadas a casarse antes de tiempo, en su aldea y en otras latitudes. Dicen que su padre, de 32 años (ojo al dato, 8 menos que su yerno) declaró que se vio obligado a casarla tan pronto debido a la situación de extrema pobreza que atravesaba la familia. De la madre no hablan, posiblemente no tenga voz y voto, y con toda probabilidad contrajo matrimonio a una edad parecida (echando cuentas, el padre tuvo a Ghulam con 21 años y según la tradición la madre debería ser más joven).
Lo que más me estremece de la foto es la historia que se desprende de ella y que no queda reflejada en las crónicas. El marido mira a la cámara con expresión indescifrable, su cara parece esculpida en piedra, resultado de una vida que para él tampoco habrá sido fácil. Un hombre de 40 años es considerado joven en nuestra sociedad, en cambio este señor parece un abuelo, un hombre derrotado que intenta agarrarse a su juventud perdida casándose con una niña que tiene edad para ser su hija.
Para él parece un día normal, de hecho lleva la ropa de todos los días, un pantalón manchado, un turbante viejo. A ella la han vestido para la ocasión, el vestido y el velo son nuevos, tienen que haber supuesto un esfuerzo económico importante para su familia. La fotógrafa le preguntó cómo se sentía y ella contestó que qué se suponía que debía sentir si no conocía a ese hombre.
Sin embargo, su mirada lo dice todo.

martes, 11 de octubre de 2011

¡Vivan los padres sin sentido común!

Este manifiesto no es mío, lo redactó mi amiga Mon en un arrebato. No es mío, pero como si lo fuera, pues ha sabido decir lo que yo quería decir, y además lo dice mucho mejor. Os pido que lo leáis, y si os gusta y estáis de acuerdo, que lo publiquéis en vuestro blog, en vuestra página web, en vuestra cuenta del facebook o que lo enviéis por mail a vuestros contactos. Así, entre todos, podremos llenar la red con nuestra disconformidad, hacer oír nuestra voz, dejar claro que los padres que critican ciertos métodos somos unos cuantos. Unámonos bajo el lema ¡Vivan los padres sin sentido común!

Mi manifiesto, por Mon
Sobre los métodos científicos del Dr. Estivill.

Leo en la Red que el Dr. Estivill dice que aquellos que rechazan su metodología para enseñar a dormir carecen de rigor científico.
Bien, pues no sé si me he perdido algo. ¿La única verdad universal, "verdadera verdadera" como diría mi hijo, es la ciencia para absolutamente toda nuestra vida y en todas nuestras facetas?
De ser así me siento un poco, cómo explicarlo, en un mundo encorsetado y sintético, como hagas algo no avalado por un par de estudios científicos por lo menos... "te la cargas". Pero los estudios son eso, estudios, para bien y para mal. Los hay del mismo tema y conclusiones diferentes, por ejemplo.

La ciencia…. Bien está poder echar mano de ella, que nos ayude, que mejore la calidad de nuestra vida y lo que me alegro de vivir en el siglo que me ha tocado... pero en este caso concreto me pregunto:

Dios mío ¿y como ha sobrevivido la Humanidad hasta ahora o hasta el siglo pasado que nacieron Ferber y compañía?

La crianza es, como todos los padres saben (iba a añadir con ¿fina? Ironía, “con sentido común”), mucho más compleja que la ciencia. Nos guste o no es más antigua, primitiva e instintiva de lo que algunos quieren hacernos creer. Porque además de instinto, señores, no nos falta sentido común.

No entiendo por qué me tienen que explicar paternalmente nada si soy adulta, medianamente sensata (salvo por el amor a mi familia que me aloca) y MADRE. Y me niego a imaginar un mundo tan falto de imaginación, de improvisación, de empatía y de respeto.

De todos modos y en contestación a su afirmación: SÍ EXISTE una bibliografía científica, sí hay una corriente científica que no avala sus métodos: J. Bowlby, Mc Kenna, Alice Miller, Margot Sunderland, W. Sears, Eduard Punset, Sue Gerhardt, Jay Belsky, Jean Liedloff por poner unos ejemplos. O podemos enlazar, vía Internet, perdón (que es sólo Internet), con la siguiente noticia del siguiente estudio:

Estudio:” Los bebés se estresan si su llanto es ignorado durante dos minutos”.

http://www.dormirsinllorar.com/pq11.html

La neurobiología, la antropología, la psicología, la medicina, la psiquiatría le contestan. ¿Es suficiente ciencia?

Posdata: escribo mientras mi hijo pequeño de 6 meses se duerme tomando teta.

Firmado: una ignorante

jueves, 6 de octubre de 2011

Pediatría sin sentido

Yo también lo he leído. Entero no, por supuesto (comprarlo sería una forma bastante absurda de perder tiempo y dinero), pero no he podido resistir la tentación de hojear las primeras 40 páginas, que están disponibles de forma gratuita en internet.
El blog Reeducando a mamá ha publicado un excelente artículo sobre el (escaso) sentido común de algunos pediatras al que podéis acceder desde aquí.
Por mi parte, tengo claro que carezco del sentido común al que apelan los autores del libro, así que, a falta de sentido común, he tratado de recurrir al sentido del humor e intentar leerlo en clave cómica, pero sin éxito: si bien algunos pasajes podrían ser desternillantes leídos en voz alta por algún monologuista del Club de la comedia, los consejos del libro van en serio, muy en serio.
Por tanto, viendo que me falta sentido común y también sentido del humor, no me ha quedado más remedio que intentar leerlo con calma para que no me hierva la sangre.
Para empezar, el estilo utilizado es una mezcla de campechano, simpático y graciosete, similar al del Duérmete niño y demás despropósitos de uno de los coautores. Sin embargo, bajo esa pátina de amabilidad y de corrección política se esconde el mismo refrito de topicazos adultocéntricos al que nos tienen acostumbrados: nos dicen que el contacto físico es muy importante para establecer un buen vínculo con el bebé y a continuación nos alerta sobre los peligros de dormirle en brazos, nos hablan de las etapas del sueño infantil para después decirnos que si un recién nacido se despierta, los padres no deben intervenir sino esperar a que vuelva a coger el sueño por si solo (en otras palabras, hay que dejarle llorar hasta que se harte), nos explican las ventajas de la lactancia materna pero añaden que el biberón es una opción igual de válida si la madre no quiere o no puede dar el pecho. (De hecho, dan a entender que algunas "no pueden" por una especie de castigo divino, puesto que ni siquiera mencionan los problemas más frecuentes ni la existencia de grupos de apoyo que pueden ayudar a solucionarlos).
La frase que más me chirría, debido a mi experiencia personal, es "la mamá debe seguir las normas de la lactancia materna a demanda o biberón, según su deseo y las recomendaciones de su pediatra", sobre todo porque no explica qué debería hacer la mamá cuando su deseo no coincide con las recomendaciones de su pediatra. Lo digo porque tuve un pediatra que estaba claramente en contra de la lactancia, a juzgar por algunas de sus frases ("si la niña no engorda un mínimo de 200 gramos a la semana, vamos a destetarla y darle biberones", "las asesoras de lactancia creen que lo único bueno es la leche materna, cuando existen muchas otras buenas opciones", "si la niña regurgita, con el pecho no va a mejorar, pero si le dieras biberón te puedo mandar una leche específica", y la gota que colmó el vaso, cuando mi hija tenía 4 meses y después de haber engordado 800 gramos en el último mes: "tenía que haber engordado más, así que vamos a darle cereales en todas las tomas"). Por tanto, a falta de sentido común, y de sentido del humor, decidí cambiar de pediatra, y afortunadamente la actual es más afín a mi manera de ver las cosas.
Después de este inciso, otra cosa que me llama la atención es que, al tratarse de un libro que teóricamente habla de pediatría, a juzgar por el índice, solo 142 de las 487 páginas están dedicadas a enfermedades y accidentes varios, que a mi entender entran dentro de las competencias del pediatra. Las 345 restantes hablan de los temas más variados, cómo se cambia un pañal, cómo elegir un buen colegio, cómo es el sueño, la socialización y (como no) la disciplina. Los hay que tienen mucho sentido común, pero poco sentido del ridículo.
En resumen, lo que he leído parece una recopilación de consejos de la suegra (escritos de forma elegante, eso sí), con algunos guiños a la corrección política para quedar bien con todos los bandos, y totalmente contraindicado para estómagos sensibles. Y solo he leído 40 páginas, pero a mi modo de ver suficientes para querer cambiarle el título de Pediatría con sentido común... a Pediatría sin sentido.

martes, 13 de septiembre de 2011

Amo ser tu almohada: 10 razones para practicar el colecho

El blog Amor maternal acaba de lanzar una interesante propuesta, que resume del siguiente modo:
Amo Ser Tu Almohada: 10 razones para practicar el colecho es un Carnaval de Blogs iniciado por Amor Maternal para tratar de romper con el tabú social que existe en torno a dormir con los hijos, dar a conocer esta opción tan sana y natural como agradable tanto para el niño, como para sus padres y proporcionar información fiable y experiencias personales al respecto.
Amo ser tu almohada: 10 razones para practicar el colecho


Lo he leído y no he podido resistirme a la tentación de aportar mi granito de arena.
En realidad, el colecho es un armario del que no necesito salir porque nunca he entrado en él, lo considero un hábito natural y un arreglo satisfactorio para todos; puesto que lo declaro con toda seguridad, admito que las críticas que recibo son escasas, así que he tenido pocas ocasiones para justificarme, explicar mis motivos o tan solo pararme a pensar en ello. Por este motivo, agradezco esta oportunidad de exponer mis reflexiones. Aclaro que hago referencias a mis dos hijos a pesar de que el mayor decidió "independizarse" y ya no colecha conmigo. Vamos allá, desde un punto de vista totalmente egoísta, estas son mis razones:

 
Amo ser tu almohada:
10 razones para practicar el colecho.

1. Porque no tengo miedo a malcriar: malcriaré a mis hijos si un día les compro un móvil de última generación en vez de hablar cara a cara con ellos, si atiborro su habitación de juguetes para no tener que participar en sus juegos o si decido apuntarles a un montón de actividades para dedicar mi tiempo libre a otros quehaceres. No los malcriaré si les ofrezco mi amor y mi cariño, sin límites y de forma incondicional, de día y de noche. Mañana recogeremos lo que sembramos hoy.

2. Porque no tengo vocación de mártir: levantarse varias veces por la noche para atender a un bebé que parece despertarse constantemente tiene que ser agotador. No me gusta sufrir gratuitamente y menos aún hacer sufrir a un bebé aplicándole métodos de adiestramiento para que no me moleste. En cambio, el colecho minimiza los desvelos y los despertares y todos descansamos más.

3. Porque así duermo mejor: sufro de insomnio desde que tengo memoria, no me sirve contar ovejas ni ningún otro remedio conocido, y tampoco me gusta tomar somníferos. Escuchar la respiración de mi bebé que duerme plácidamente a mi lado mientras su aroma me envuelve y me transmite su calor es lo más relajante que he probado en la vida y me ayuda a conciliar el sueño.

4. Porque así me levanto mejor: confieso que tengo un mal despertar, y no soy persona si no tomo una taza de café bien cargado. Pero cuando abro los ojos y le veo dormir junto a mí, o directamente me despierta mirándome con los ojos como platos y su sonrisa traviesa, el mal humor se esfuma como nieve al sol.

5. Porque no sigo las modas: periódicamente, algún comité de expertos se dedica a explicarnos cómo deberíamos educar a nuestros hijos, y estas opiniones se difunden a la velocidad del rayo, ya sea a través de la televisión, de los periódicos o de las webs de pañales. Si escucho a estos expertos es bastante probable que, dentro de unos años, se reúna otro comité y decida que lo he hecho todo fatal y tenía que haber actuado de otro modo, con lo cual es posible que me arrepienta de haber seguido unos consejos que no acababan de convencerme; en cambio, si escucho a mi corazón, no hay comité que valga.

6. Porque me hace sentir importante: cuando mi hijo tenía una pesadilla y se despertaba asustado, le volvía a dormir abrazándole mientras le daba besitos en la cabeza. Mi hija a veces se desvela y al verme a su lado se me acurruca, mama un poco y se vuelve a dormir. Me encanta pensar que mi sola presencia consigue tranquilizar a mis hijos de esa manera.

7. Porque es bueno para los viajes: desde siempre, mis hijos no relacionan el dormir con la cama, sino con nosotros. Las veces que nos hemos ido de viaje apenas han notado el cambio de ambiente.

8. Porque soy una vaga: suelo comprobar, de forma casi compulsiva, que duermen bien. El colecho me permite hacerlo sin necesidad de ir de una habitación a otra.

9. Porque nos hace felices a todos: como ya he dicho, dormimos todos mejor. Así somos más felices los cuatro; y ya puestos, también hacemos felices a los criticones y a los detractores de siempre, dándoles una razón más para ponernos a caldo.

10. Porque siento que es lo correcto: lo siento, lo percibo, lo intuyo. Es un impulso innato, inexplicable y visceral. En realidad no necesito explicaciones para colechar, las necesitaría para dejar de hacerlo.




viernes, 24 de junio de 2011

La dictadura de los sentimientos

Hand and heart, de idea go
http://www.freedigitalphotos.net
A estas alturas, todos los que hayáis seguido el caso ya sabéis que Habiba ha podido reunirse con su hija. No se puede decir que se haya hecho justicia, porque la verdadera justicia no habría tardado tres semanas en poner remedio a semejante atropello; digamos entonces que, afortunadamente, las aguas han vuelto a su cauce.

Habiba y Alma disponen ahora de toda una vida para recuperar el tiempo perdido. Deseo a ambas, de todo corazón, que puedan reanudar la lactancia, que al abrazarse por la noche se fijen en el brillo de las estrellas y no en la negrura de las tinieblas, que logren encontrar la paz interior que merecen, y que con el tiempo consigan perdonar.
Espero que la pequeña Alma llegue a olvidar lo sucedido, y que su herida consiga sanarse; por desgracia, Habiba jamás podrá olvidar la pesadilla en la que se ha visto envuelta.
Espero que las dos puedan reconstruir su relación lo antes posible, redescubrir los momentos mágicos, tan corrientes y al mismo tiempo tan especiales, que hacen de cada relación algo único e irrepetible.
Y mientras Habiba y Alma se entregan otra vez a la feliz cotidianidad que nadie debería haber interrumpido, creo que lo correcto sería empezar a depurar responsabilidades. Alguien puso en marcha la maquinaria insensata que estuvo a punto de cortar para siempre el cordón que unía Habiba a su hija, alguien lubricó los goznes para que la máquina siguiera su camino durante tres semanas. Esta tremenda historia tiene que haber dejado un rastro de papel, unas pruebas, algo tangible que se pueda utilizar para que semejante injusticia no se vuelva a repetir.
No existe tema que me aburra más que la política, y no creo que el problema se solucione a base de arremeter contra un grupo u otro. Detrás de los políticos, de los partidos y de las instituciones hay personas que viven, piensan y sienten igual que todos nosotros.
Ya lo comenté en otra entrada, lo que realmente me ha dado miedo de la historia de Habiba es que ha sido traicionada por quienes deberían haberla ayudado. No consigo entender que un programa de habilidades maternales trate de convencer a las madres a ignorar el llanto de sus bebés, a reemplazar brazos y teta por cuna y chupete, a aceptar como única opción correcta una visión sesgada y a mi modo de ver bastante simplona de la maternidad.
Empezamos pensando; después, decidimos que por pensar así somos superiores a los que opinan de forma diferente; entonces tratamos de obligar a los demás a pensar igual que nosotros; finalmente, decidimos castigar a los que siguen pensando con su propia cabeza.
Así funcionan las dictaduras y el fanatismo religioso; así es como funcionaba el famoso programa de habilidades maternales que trató de someter a Habiba y la "castigó" por hacer más caso a su instinto que a unos dictámenes de dudosa eficacia.
Siempre he pensado que para aprender a ser madre no hacen falta libros, ni tratados, ni programas, ni consejos, ni expertos: la maternidad es lo más intuitivo y visceral que existe, es amor y simbiosis en estado puro. La única dictadura a la que pienso estar sometida es a la de los sentimientos.


lunes, 13 de junio de 2011

Ayudemos a Habiba

En esta ocasión, voy a dejar de lado mis reminiscencias de juventud para dedicar unas palabras a un caso del que últimamente se han hecho periódicos, redes sociales, blogs y demás medios de comunicación.
Siempre he pensado que lo peor que le puede pasar a uno en la vida es perder a un hijo. La muerte es caprichosa e irreversible, pero una desaparición puede ser incluso peor, deja la misma sensación de vacío sin la certeza del fin.
Algo parecido le ha ocurrido a Habiba, separada de su bebé sin ni siquiera una orden judicial, por el capricho absurdo de una institución. Cuando el caso salió a la luz y antes de que el IMMF (Instituto Madrileño del Menor y la Familia) enturbiara las aguas con afirmaciones vagas, se dijo que Alma, la hija de Habiba, había sido arrebatada de los brazos de su madre porque ésta la amamantaba "de forma caótica y no alimenticia", es decir a demanda, tal y como recomiendan la OMS y otros organismos oficiales.
Sin embargo, la historia de Habiba es mucho más que la reivindicación de la lactancia: la suya es una lucha contra el sistema, una negativa a doblegarse ante unas exigencias que no comparte ni comprende.
Si hay algo que he conseguido aprender en la vida, ha sido a luchar por mis ideales. Cuando nos enfrentamos al sistema, corremos el riesgo de ser pisoteados por una maquinaria implacable, pero desde que tengo memoria me produce cierta repugnancia la idea de verme obligada a adoptar unas normas que no me benefician en nada.
Entiendo a Habiba, entiendo su rechazo, el rechazo íntimo, profundo y visceral que toda madre debería sentir a la hora de obedecer unas imposiciones que solo causan dolor y sufrimiento, para adquirir unas "habilidades maternales" preconcebidas por quien considera la maternidad un desierto de hielo, frío y uniforme.
Habiba ha sido coaccionada por el centro de acogida en el que residía, ha sido traicionada por quienes deberían haberla apoyado.
Heart rotto, de idea go
http://www.freedigitalphoto.net/
Mucho se ha escrito ya sobre ella desde ese terrible lunes de finales de mayo, cuando su pequeña fue arrebatada de los brazos en los que había encontrado amor y cobijo a lo largo de su corta vida. Ahora yo también me sumo, por lo menos oficialmente, a la multitud de voces que claman al cielo, decididas a intentar convertir este mundo en un lugar que merezca la pena vivir.
Aparte de indignarme, me pregunto qué se puede hacer. En realidad me temo que no mucho, salvo difundir la noticia, enviar cartas de protesta y acudir a manifestaciones pacíficas. Se ha creado una petición para que el IMMF reúna a Habiba con su hija que se puede firmar online: hacen falta 25.000 firmas, hasta la fecha se han recogido algo más de 7.700. Se puede firmar la petición haciendo clic en este enlace. Espero que nuestras firmas consigan que se haga justicia.Como decía Madre Teresa, a veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.