sábado, 4 de julio de 2015

Todo pasa y todo llega

Hace tiempo que no escribo, y no solo por falta de tiempo. Cuando empecé este blog, decidí que sería un reflejo de mí, un púlpito virtual donde expresar (y a veces escupir) mis pensamientos y reflexiones; pero en realidad, la gran mayoría de mis entradas hablan de maternidad y crianza.
Quizás, más que de maternidad, de la transformación que la maternidad ha operado en mí, de cómo he derribado barreras y cambiado mis prioridades.
Sobre todo, este blog ha sido el reflejo del camino que he emprendido, una pequeña muestra de mi aprendizaje, mis dudas, mis sentimientos, un homenaje a mi tribu que me acompaña y me sostiene cuando flaqueo. Cada entrada es una piedra miliar que he colocado en el camino, que me recuerda de dónde vengo y hasta dónde he llegado.
A menudo, le robo a Mon su frase favorita, todo pasa y todo llega, y no sé por qué, pero esa frase me hace pensar en un río, en dejarme llevar, dejar fluir. Sin embargo, a veces no basta con seguir la corriente, hay que ponerse a remar, y sobre todo, decidir en qué dirección vamos a hacerlo, y cuánto esfuerzo vamos a invertir.
En realidad, no ha pasado nada, por lo menos nada grave, solo ha sido una sucesión de pequeñas señales, detalles que me hacen replantearme una serie de cosas.
En resumen, mi hijo mayor ya no es un niño; ya lo sabía, lo veía venir, pero el plácido fluir del río no me había preparado para la tormenta hormonal que se avecina a pasos agigantados.
Empecé a notarlo hace un par de meses, cuando tuvimos que comprar una camisa para que fuera con cierta decencia a las comuniones a las que había sido invitado; las camisas nunca han sido sus prendas favoritas, y hace tiempo habíamos acordado que las reservaríamos para las ocasiones especiales. En cambio ese día le sorprendí pavoneándose delante del espejo del probador, camisa por dentro, camisa por fuera, manos en los bolsillos, intentando aparentar más años de los que tiene. Unos días más tarde me dijo que las camisas no le disgustan, pero las prefiere llevar abiertas, y que quedarían incluso mejor con un colgante de surfista (si alguien sabe lo que es un colgante de surfista, le ruego me ilumine al respecto).
A partir de entonces, los cambios han llegado con rapidez; o quizás ya habían llegado pero acabo de empezar a fijarme en ellos. Juguetes que considera demasiado infantiles amontonados en los estantes, programas que hasta hace nada le encantaban y ahora le aburren dejan paso a otro tipo de contenidos, hasta la relación con su hermana ha sufrido un cambio, esa dualidad hecha de complicidad y rivalidad que compartían hasta ahora está dando paso a una actitud más madura, una mezcla de paciencia, condescendencia y paternalismo. Siguen jugando juntos, se ríen, se quieren y se pelean como siempre, pero él ya está en otro nivel.
Su imagen, que hasta ahora le era casi indiferente, está empezando a cobrar cada vez más importancia: ya no elige su ropa en base a la estética o a la comodidad, sino también en base a la reacción que puedan suscitar en los demás. Mi niño, que ya no es tan niño, empieza a buscar su lugar en el mundo, está debatiéndose entre la tranquilidad que proporciona el conformismo y la aceptación social y la descarga de adrenalina producida por la rebeldía.
No ha llegado todavía a la adolescencia, y puede que ni siquiera a la pubertad, pero está cogiendo impulso para pegar el salto. Él también lo sabe, no lo expresa con palabras porque quizás ni siquiera es consciente de ello, pero lo veo por la impaciencia con la que está esperando los cambios, cuando me pregunta si ya le está cambiando la voz, cuando se mira al espejo a ver si ya le ha salido la nuez, cuando se inspecciona las piernas a ver si ya tiene pelos.
A veces me cuesta conectar con él, hablar como hacíamos antes. Ya no es un niño, es un chico que necesita sus ratos de soledad, su parcela privada, está empezando a adoptar esa actitud de sentirse solo contra el mundo, que a menudo expresa con esas hipérboles al estilo siempre criticáis todo lo que hago.
Nos hemos propuesto reservarnos un ratito los dos solos, una vez por semana. Papá se queda con la peque y él yo aprovechamos para estar juntos y "hacer cosas". Vamos a desayunar o a dar un paseo, y hablamos. Hablamos de todo, de videojuegos, de la gata, de sus amigos, de cosas cotidianas, de mis preocupaciones y de las suyas. Allí es cuando el río vuelve a fluir, cuando por fin la corriente nos da un descanso y disfrutamos del frescor del agua. Sacamos mucho más jugo a ese momento que compartimos que si nos sentáramos a la mesa con aire serio para mantener conversaciones importantes.
Luego echo la vista atrás y casi me da la risa cuando recuerdo las predicciones agoreras de los que decían que sería un niño inseguro y miedoso: el niño que nunca dormiría solo porque su padre y yo le hacíamos dependiente ahora pide que dejemos la puerta entrecerrada; es el mismo al que diagnosticaron en su día el síndrome del niño malcomedor y ahora engulle raciones de adultos.
A veces me pregunto si el río no es en realidad una montaña rusa, si todo lo que hemos pasado hasta ahora no habrá sido la cuesta y ahora caeremos en picado. Estoy emocionada a la vez que asustada, porque me faltan referencias; hay mucha información sobre crianza respetuosa en lo que a bebés se refiere, pero si busco recursos sobre gestión de conflictos con niños más mayores o (pre)adolescentes, todo lo que encuentro son límites y disciplina. Eso cuando no me topo con el clásico ya verás o con el machismo recalcitrante de no te quejes, las chicas dan más problemas.
Necesito a mi tribu, necesito hacer piña con las que estéis igual... un nuevo camino se extiende ante mí y no sé muy bien por dónde tirar. Dentro de poco, tendremos que hablar de sexualidad, de alcohol, de drogas, de los peligros de internet, de cómo integrarse y ser aceptado sin por ello renunciar a ser uno mismo, tendré que estar a su lado cuando se enamore, cuando le rompan el corazón, cuando salga con sus amigos y vuelva a las tantas. Tengo que encontrar el término medio entre respetar su forma de ser y evitar que se descarrile, protegerle sin asfixiarle, acompañarle sin espiarle.
Nadie ha dicho que esto fuera fácil. Aunque estoy segura de que merece la pena.
 

7 comentarios:

  1. Hola!!!! aunke aun me keda un tiempecito para que ese momento llegue (Erik va a hacer siete años....) me siento muy identificada contigo, ya que no hace mucho fui consciente de que mi niño habia dejado de ser un bebe para ser niño sin que apenas me diera cuenta. Tbn con crisis de conexion, con miedos, dudas sobre como hacer las cosas,...., ayssssss...... ke sensacion tan extraña me invade cuando me doy cuenta de como ha crecido, una mezcla de orgullo y satisfaccion al verle tan mayor, y tbn nostalgia por esa bolita que se acurrucaba a mi lado y de cara a la mañana me decía "mama, te quiero".

    Seguro que das con ese termino medio, seguro que en esta nueva etapa cometeras errores, pero ten presente que, al final, sacaras algo bueno de ellos. No hace mucho que descubri tu blog, precisamente lo hice buscando como loca referencias sobre crianza con apego a partir de ese momento que dejan de ser bebes para comenzar otra etapa de su desarrollo, y por lo que te he leido me pareces una madre estupenda, con mucho amor que dar, entregada y segura de sus instintos, consciente de tus miedos y limitaciones y con la vista siempre hacia delante, hacia el camino que viene....

    En fin, ¡¡¡¡¡¡como es esto de ser madre!!!! ¿eh?

    Un abrazo

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    1. Cristina, no sabes lo mucho que agradezco tu comentario ♥
      Alivia saber que hay alguien allí que se siente igual, o que se sentirá igual a corto plazo... que no estaré sola en esta etapa, que no soy la única a la que la adolescencia le aterra pero al mismo tiempo no quiere perderse ni un segundo de esta nueva etapa.
      Me temo que habrá que romper moldes, abrir camino como en otras ocasiones, allá vamos... ¿quién dijo miedo?

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  2. Mierda! Se me ha borrado todas las maravillas q tr ponía. Y mi gran parrafo escrito con el móvil.
    Cdo tnga un rato abro el portátil.
    Solo te digo q lo estas haciendo bien. Sigue acimpañandome como hasta ahora con cierta distancia y con la magnififoca base q le has dado.
    No se si estas cerrando el blog o abriendo un capítulo nuevo, para lo q necesites, aquí estoy

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    1. Noooo, cerrarlo no, ¡¡ni de coña!! Pero creo que poco a poco tendré que ir cambiando el rumbo, o ampliar la variedad de temas que trato.
      Un abrazo Maider, gracias por estar allí ♥

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  3. Vaya, todo lo que tenía que decirte ya lo ha dicho Cristina. Me he sentido tan identificada... vas un paso por delante, Aprenderé de ti.
    Un abrazo fuerte

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  4. Vaya, todo lo que tenía que decirte ya lo ha dicho Cristina. Me he sentido tan identificada... vas un paso por delante, Aprenderé de ti.
    Un abrazo fuerte

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    1. Aquí estaremos, para compartir el camino ♥

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